El miedo es una emoción normal y adaptativa. Todos hemos sentido miedo alguna vez ante determinadas circunstancias o acontecimientos.

Se denomina miedo lógico cuando responde a una situación real de peligro o desconocimiento y sirve para estar más atentos, es decir, nos sirve como mecanismo de defensa funcional.

Cuando el miedo responde a situaciones, personas o acontecimientos que por sí mismos no entrañan un peligro, se puede valorar y reflexionar acerca de lo que le está pasando a la persona y barajar la posibilidad de si el sentimiento de miedo está escondiendo algo más.

Cuando el miedo se focaliza de una manera aguda, amplia, dolorosa y que resta funcionalidad, podemos decir que nos encontramos ante una fobia. Las fobias responden a una simbolización o a una representación de un miedo más profundo y arraigado en la historia de la persona.

Nuestra hipótesis es que la fobia es también un mecanismo de defensa y que la persona materializa su miedo en algo que SI puede controlar, aunque parezca que la emoción le desborda.

Por ejemplo, en la fobia específica, la persona tiene un miedo exagerado a cosas, animales o situaciones (aviones, arañas, tormentas….p.e.) y su reacción ante estos estímulos es exagerado y aparentemente descontrolado. La persona utiliza la fobia de manera inconsciente para focalizar su miedo en algo que le es soportable de sostener. En la fobia social y la agorafobia el miedo no se encuentra tan focalizado, en estos casos la fobia presenta igualmente simbolización aunque es de una manera más generalizada. El fóbico suele poder  identificar su miedo y reconocer que es irracional, al igual que mediante esta defensa lo puede controlar.

El problema se encuentra cuando la fobia resta funcionalidad, interfiere en la vida diaria y causa dolor en las personas que lo sufren.

En Terapia Viva:

  • Identificaremos la fobia, desde cuándo está y cómo afecta en el día a día.
  • Exploramos la historia de la persona.
  • Tratamos el miedo y la fobia como síntoma de algo más profundo que le puede estar sucediendo, integrando que toda persona demanda necesidades relacionales.
  • Acogemos y trabajamos en profundidad las emociones desde el vínculo terapéutico, con respeto, aceptación y amor incondicional.
  • Utilizamos herramientas como el focusing, el dialogo con el síntoma, la bioenergética, el análisis transaccional, el trabajo simbólico y  la Gestalt.

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