DESINTERÉS EN LA PAREJA

¿Por qué y cómo resolverlo?

Al principio, en la fase del enamoramiento, se despliegan todas las estrategias para expresar de todas las maneras posibles lo que se siente por la otra persona. Para ello, se realizan todo tipo de actos de amor, empleando la energía en la otra persona de tal forma que ésta se convierte en una prioridad. Esta fase es muy necesaria para generar el vínculo y establecer la relación, pero una vez que nos sentimos seguros, dejamos de ofrecerle todo el repertorio y tendemos a instalarnos en una comodidad que nos permita seguir la normalidad del día a día sin estar todo el tiempo preocupados por retenerle o por demostrar nuestro amor. Pasar a este otro nivel no supone pereza o falta de interés, nuestro organismo necesita equilibrio y tranquilidad aún en las relaciones de pareja.

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Pero, en esta fase, el desinterés puede llegar porque cada miembro de la pareja vive el amor según sus creencias, sus patrones o según el marco social o cultural de referencia. Y cada uno puede esperar del otro que satisfaga esa imagen que tiene del amor. En esta tesitura, lo que normalmente sucede es que la pareja no se ha actualizado, cada uno, siguiendo su rutina, el día a día, llevando su vida de manera automática, ha dejado de hablar con el otro, ha dejado de renovar las bases, los valores y los principios que en un primer momento eran comunes. O quizá nunca hablaron de valores y dieron por sentado que eran los mismos para los dos.

La resignación es una consecuencia del desinterés prolongado en el tiempo, donde aparecen emociones como la rabia, el miedo y la tristeza. Desde la rabia, se suele mirar al otro con rencor y medir sus acciones solo para confirmar que una vez más es decepcionante y no cumple las expectativas. Desde el miedo se mira al otro para evitar una confrontación, que nos diga lo que no nos gusta o lo que ya sabíamos. Desde la tristeza se mira el pasado siempre como mejor y se añoran esos momentos en la creencia de que nunca volverán.

Hay alternativas a la resignación: tratar de llegar a acuerdos honestos y aceptar aquello que no podemos cambiar de la pareja. Hablar, comunicarse, negociar, llegar a acuerdos es vital para salir de esta rutina. Hay que sentarse y hablar. Actualizar, junto a la pareja la escala de valores, proponer actividades que ayuden a salir de la rutina, renovar el compromiso, expresar como uno necesita ser querido y llegar a puntos comunes, conciliar las diferencias y sobre todo, tratar de salir de creencias que nos limiten. Además, manejar sentimientos de empatía y comprensión hacia el otro también ayuda a que se acerquen posiciones, ya que solemos ser espejo de nuestra pareja, y si somos amables con ella es más fácil que también lo sea con nosotros. Contribuir a un buen clima, en el que haya más implicación por la vida en común, es fundamental.

El desinterés no tiene porqué indicar falta de amor.

Mantener el interés, sentirnos seguros y tranquilos con nuestra pareja puede suponer un reto. Se trata de manejar un delicado equilibrio que implica estar atentos y no dejarnos llevar o suponer con demasiada facilidad que todo está perfecto y que no hay que trabajar más en ello. Al fin y al cabo, os elegisteis por una buena razón, quizá también hay una buena razón por la que os distanciasteis. Si el deseo es seguir juntos, merece la pena trabajar en ello.

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