El miedo es una emoción adaptativa que previene contra posibles peligros en cada momento de nuestra vida. Generalmente, cuando las personas vamos adquiriendo capacidades cognitivas y emocionales, somos capaces de expresar y comprender que puede existir algún peligro, y ese sentimiento de miedo nos ayuda a identificar los peligros y a protegemos.

Por tanto, lo que nosotros sabemos en este aspecto como padres, debemos enseñárselo a nuestros niños: cuando tengan miedo, pueden pedir ayuda y así sentirse protegidos; hasta que ellos mismos desarrollen los recursos gestionar sus miedos y protegerse.

Los miedos sirven para advertirnos de que algo malo puede ocurrirnos. Cuando alguien nos cuida, y una y otra vez vivimos que nada malo ocurre a pesar de nuestro miedo, crecemos a nivel emocional y cambiamos de etapa. Es ese momento hemos integrado el amor de la figura parental y hemos superado el miedo.  La secuencia de miedos normales (Bragado, 1994) es:

De 0 a 6 meses: pérdida súbita de la base de sustentación (soporte) y ruidos fuertes.
De  7 a 12 meses: miedo a las personas extrañas, y a objetos que surgen inesperadamente.
1 año: separación de los padres, retretes, heridas, extraños.
2 años: ruidos fuertes (sirenas, aspiradores, alarmas, camiones…), animales, habitaciones oscuras, separación de los padres, objetos o máquinas grandes y cambios en el entorno personal.
3 años: Máscaras, oscuridad, animales, separación de los padres.
4 años: Separación de los padres, animales, oscuridad y ruidos.
5 años: animales, separación de los padres, oscuridad, gente “mala”, lesiones corporales.
6 años: Seres sobrenaturales, lesiones corporales, truenos y relámpagos, oscuridad, dormir o estar solos, separación de los padres.
De 7 a 8 años: Seres sobrenaturales, oscuridad, miedos basados en sucesos aparecidos en los medios de comunicación, estar solos, lesiones corporales.
De 9 a 12 años: Exámenes, rendimiento académico, lesiones corporales, aspecto físico, truenos y relámpagos, muerte, y en pocos casos a la oscuridad.

El miedo a la separación es fundamental en el ser humano, tiene un gran sentido adaptativo, debido a que estar cerca de los cuidadores hace posible la supervivencia. Cuando el bebe crece y se va convirtiendo en un niño, va generando estrategias de afrontamiento relacionadas con la confianza en sus figuras significativas.

Si este miedo se mantiene, es desproporcionado en relación al nivel de desarrollo del niño y genera dificultades en diferentes áreas de su vida, puede desencadenar ansiedad por separación. Que consiste en un malestar físico y psicológico cuando hay una separación real o anticipada respecto de sus figuras parentales. El niño se preocupa ante la posibilidad de que a las personas queridas les suceda algo grave. Se suelen resistir y negar ante la separación y pueden tener pesadillas relacionadas con la separación.

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